jueves, 10 de julio de 2014

Me escribí la canción más triste del mundo...

Y hasta me odié.
Y me perdí.
Me perdí a mi misma en un mar de sonidos y palabras mal articuladas.
Una muñeca rota, un libro sin final, una canción que no llega, una pincelada de más que lo estropea todo.

¿Qué soy?
Soy.
Vivo.
Respiro.
Siento.
Amo.

Qué pretencioso el hombre que pone nombre a sentimientos, como si los conquistase, cuando ellos nos conquista a nosotros. "El hombre es el único animal racional". ¡Al cuerno con eso! El hombre, el único animal racional, es el que más se deja llevar por sentimientos. Y luego hablan de supremacía.
De grandezas, de tesoros, de fortunas, de poder, de riquezas, de fama... cuando todo lo que quiere el hombre es amar y ser amado. Quiere semejantes, alguien que lo comprenda y lo apoye. Alguien a quien mirar y frente a quien ser débil.
Fuimos "fuertes" durante tanto tiempo que se nos cayó a pedazos la armadura y de pronto no somos más que la sombra de niños vestidos con las corbatas de sus padres y los tacones de sus madres pretendiendo ser grandes como montañas, equiparables a un Dios.
Que triste la existencia de aquellos que no son, ni viven, ni respiran, ni sienten, ni aman.
Que alegría mirarme en el espejo y poder empezar a adivinarme de nuevo, y no mirar a los ojos a una extraña.

Ahora me estoy escribiendo otra vez una canción. Esta vez, una canción de amor.

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