
Más de una vez, por no decir todo el tiempo, me he sorprendido a mí misma pensando en como será ese chico, el perfecto a mis ojos, el que me querrá, el que aguantará mis manías y reiré mis tonterías, el que me saque mil sonrisas y más. A veces varia mucho, otras es el mismo durante semanas. Siempre es alto, divertido, cariñoso, romántico y algo malo para los demás. Muchas veces tiene los ojos azules, pero eso no importa demasiado. Tiene una sonrisa Trident, y a unas cuantas zorras detrás de él, pero él solo me quiere a mí. Me dice cosas bonitas al oído y me besa muy lentamente, como cuando estás saboreando tu chuchería favorita, y no quieres que se acabe. Dice que soy su gatita, y él también es un gato, que tiene 7 vidas, todas para amarme. Quiere casarse joven, quiere vivir fuera de esta ciudad, este país, quiere tener 2 hijos, quiere estar conmigo para siempre, no quiere fallarme. Me quiere. Me saca un par de años, pero a nadie le importa. Cada 14 sus amigos y los míos nos felicitan, es nuestro aniversario. Nos queremos.
Su madre está muy enferma, es hijo único, y el trabajo de su padre da dinero para pagar el piso y poco más. Por eso, cuando le detectan la enfermedad, decide que quiere morir, y que su madre viva. Y yo lloro, porque lo voy a perder, para siempre. Dice que quiere morir casado conmigo, así que nos vamos a las Vegas y nos casamos. Todos me dicen que estoy loca al ver el anillo de casado en mi mano, pero los ignoro y vuelvo con él. Y tras un par de años, llega el día. Muere. Y yo sufro. Y entonces salgo de mi fantasía y me doy cuenta de que mi chico maravilloso es solo fruto de mi mente, que solo lo veré si lo dibujo. Y me doy cuenta de que falta mucho para que mi chico maravilloso salga de mi mente y aparezca ante mi con un ramo de lirios y rosas blancas, porque sabe que son mis favoritas.
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