Las personas cambian. A veces para bien, a veces para no tan bien. Pero, ¿qué pasa cuando alguien cambia sin darse cuenta, de la noche a la mañana? ¿Qué hace que esa persona se de cuenta del cambio? ¿Por qué cambia? Solo los que lo pasan, lo saben. Y yo, soy una de esas personas. Y ahora querréis que os responda a esas preguntas. Pero no, porque solo vosotros mismos podéis responderlas, yo no soy quién para privaros de ese placer.
Es raro, pero esta noche he soñado. Me he visto a mí misma, a la que yo era. Ella se iba. Decía que no la necesitaba más, que tenía que crecer sin ella. Y no sabía a que se refería, no hasta que los he visto a todos, y no he sentido lo mismo. Y he tenido miedo, porque no sabía si eso estaba mal o no. Me he vuelto a acostar, la he buscado, la he llamado, pero ella no vuelve. No va a volver. Supongo que es ahora mí a la que le toca terminar de madurar, me he dicho. Ya no quiero nada que tenga que ver con mi anterior vida. Nada. No quiero a mi familia, no puedo verlos de la misma manera. No quiero a mis amigos, no puedo quererlos ni comportarme como siempre con ellos. Y no lo quiero a él. No lo quiero, porque al fin me he dado cuenta de que nunca va a quererme de la misma manera que yo a él, que es casi tan lejano como las estrellas, que él y yo no tenemos que estar juntos.
¿He madurado ya? No, todavía me quedan muchos palos que recibir. Y aunque ya me he llevado unos cuantos, esta vez los recibiré de la forma correcta.
"Tú eres Trini, ¿verdad?" Dijo nada más verme. Sonreí de medio lado.
"Creo que te equivocas de persona, hace un tiempo que Trini se fue para no volver. Soy Niní, un gusto" Contesté.
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